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  MUNICIPIO DE LOS REALEJOS    
 
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  >> 12. MUNDO RURAL Versión para imprimir Escuchar artículo Metadata Patrocinadores Aumentar letra Disminuir letra  


LA VIVIENDA TRADICIONAL

Los Realejos, por su condición de municipio con gran bagaje histórico, alberga en su interior una gran cantidad de inmuebles con características interesantes desde el punto de vista arquitectónico y patrimonial.

De hecho, en las distintas casas que aún se conservan se pueden leer páginas de la historia del municipio; de épocas en la que los grandes terratenientes controlaban las producciones agrarias y elevaban grandes haciendas, moradas de gran tamaño, con materiales y una organización espacial de la que solo podían presumir los más ricos. Dentro de las haciendas se encontraban asimismo las grandes casonas de los terratenientes, los denominados “los amos”, los cuales controlaban todo el territorio y la producción de la hacienda. Todas las que se reparten en el municipio se ubican en entorno estratégicas y comparten una serie de características comunes como:

  • Gran tamaño y patio central.
  • Dos plantas.
  • Abundancia de madera en balcones, escaleras y corredores (cerrados o no).
  • Dependencias para la servidumbre, anejas o no. También para el ganado, aperos, productos del campo, etc.
  • Lagar, y a veces también aljibe.
  • Muros almenados; en algunas mansiones rodean la estancia a manera de casa fuerte.

Destacamos así las principales casonas y haciendas.

La hacienda de Castro (o del "Mayorazgo"), es la más antigua de todas. Fue levantada por Hernando de Castro a comienzos del siglo XVI. Se encuentra en el Paisaje Protegido Rambla de Castro, justo al lado de la Punta del Guindaste. El actual edificio pertenece a los siglos XVII y XVIII con aportaciones posteriores, con restauraciones en el interior y en la fachada. Estuvo rodeada por una admirable zona ajardinada que caía sobre el o barranco frente a la playa de Castro. Jardines visitados y admirados por numerosos visitantes y científicos de los siglos XVIII y XIX, como Berthelot, Leclercq, Wangüemert, entre otros.

12.20. La Hacienda de Castro es uno de los máximos exponentes de la arquitectura canaria de los siglos XVII – XVIII en la  época de los grandes terratenientes. En la actualidad el inmueble no tiene ningún uso público(DL)

Asimismo, entre las medianías y la costa aparecen múltiples haciendas, en la medida que se trataba del lugar asentamiento de los núcleos de población y por donde discurría antaño el Camino Real. Aunque algunas de ellas, como la situada en la Punta del Guindaste, se encuentran entre plataneras, otras están dentro de la red urbana. Partiendo del límite municipal (Los Realejos-La Orotava), a la altura de la Montaña de Los Frailes, se consigue llegar a la calle de El Jardín en donde se encuentra la Hacienda de Poggio, interesante edificio del siglo XVIII con ermita propia.

12.21. Este inmueble de la Punta del Guindaste es un claro ejemplo de cómo debía estar una hacienda: justo en medio de los tierras para que el amo pueda controlar sus dominios.(MP)

A poca distancia, se encuentran las haciendas de San Ildefonso y Las Canales. A la primera se accede por medio de una portada, tras la cual se encuentra la vivienda y la pequeña ermita. La segunda, es la más antigua de esta zona, levantada en 1503, según consta en una placa incrustada en la pared de fachada, a pesar de que su arquitectura corresponde al siglo XVII. Por otro lado, en el barrio de San Agustín, se encuentra la célebre Hacienda de los Príncipes (siglo XV), cuyo primitivo edificio conoció notables transformaciones en siglos posteriores, ampliándose su tamaño. Aunque a la fachada principal se llega pasando el viejo portalón, junto a la ermita de San Sebastián, se puede contemplar su desarrollo arquitectónico desde el viejo Camino de Icod El Alto, en dirección a Tigaiga. Finalmente, en la parte alta del municipio, en la localidd de Icod el Alto, lugar donde se conoce por primera vez el cultivo de la papa en Canarias, destaca la Hacienda de La Pared.

Por último, en Los Realejos también se identifican viviendas de otro estatus social, propias de habitantes que mantenían una alta relación con el mundo rural. Estas viviendas tradicionales, de uno o dos pisos, tienen como características comunes la presencia de un pequeño patio protegido, una planta rectangular en forma de “L”, revestimiento de dos o cuatro aguas, materiales de poco coste y una gran sencillez arquitectónica.  De igual manera, muchas de estas casas, como “la Casa de El Llano”, del Realejo Alto, cuentan con varias dependencias anejas para ganado y materiales, aljibe, cuarto de aperos, patio y  bancos de piedra para el descanso. Finalmente, entre las distintas viviendas rurales se halla la Casa Natal de Viera y Clavijo, también situado en el Realejo Alto, la cual es una casa de dos plantas que conserva sólo su fachada, pues el interior se halla totalmente transformado y adaptado a las exigencias de la habitabilidad. Una placa colocada en la fachada recoge el nacimiento del ilustre erudito.

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