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ARQUITECTURA FUNERARIA*

ARTE, RELIGIÓN Y MITOLOGÍA EN LA ERA PREHISPÁNICA

CISTAS Y TÚMULOS

La cueva natural se ha generalizado como el lecho sepulcral característico de las antiguas culturas del archipiélago, por ser, sin duda, el más abundante, aunque no el único, ya que en Gran Canaria existen ejemplos de otros depósitos funerarios. Las diferencias sociales de los habitantes de esta isla en época preeuropea, es un hecho bien contrastado por las distintas fuentes documentales, pero también por las evidencias arqueológicas como se comprueba en el ámbito funerario, de las que es posible deducir distintas categorías sociales en función de la mayor o menor riqueza de sus tumbas. Seguramente por ello encontramos en esta isla diversos tipos de enterramientos, como los depositados en grutas naturales, cuevas artificiales, fosas, cistas, así como los inhumados en grandes túmulos, junto a otros de menor riqueza, que aparecen siempre en un número considerable en las necrópolis documentadas en toda la isla.

Las cistas constituyen también un enterramiento característico y único de Gran Canaria. Para su construcción se acondiciona un espacio, que ha sido previamente excavado en el suelo, y luego se adecua con lajas de piedra que cubren la zona excavada y enlosada con bloques que forman un recinto rectangular en donde se deposita el cadáver. El espacio se cierra con el mismo tipo de lajas, o también se cubre con tablones de madera y losas de piedra, del mismo modo que se hace en los túmulos. Sobre la superficie del terreno y como límite exterior de la construcción, suele aparecer una hilada de piedras hincadas que no supone la fijación de un perímetro de carácter tumular, ya que no hay evidencias de superestructura, lo cual permite individualizarlas, al menos arquitectónicamente, de las construcciones tumulares.

Estructura tumular de El Castillejo (Lanzarote).

Pero son las tumbas recubiertas de una estructura tumular las que mejor definen la arquitectura funeraria de la isla, y de momento es la única en la que se ha podido documentar bien este tipo de enterramiento. Con el término de túmulo definimos una construcción artificial que se destaca en el terreno circundante por un amontonamiento de piedras —el túmulo propiamente dicho—, que generalmente cubre una cista o fosa, en donde se ha depositado el cadáver, pudiendo tratarse de un único enterramiento o también de un sepulcro familiar al que con el tiempo se le iba añadiendo sucesivas deposiciones funerarias hasta formar estructuras complejas.

Existen indicios razonables de su existencia en Lanzarote y Fuerteventura, pero falta aún la confirmación arqueológica ya que nada ha podido ser certificado con certeza. Es casi seguro que los estudios de prospección y excavación arqueológica aportarán nueva luz sobre estos aspectos, al existir evidencias sobre acumulaciones de piedra con base de tendencia elipsoidal y con materiales arqueológicos en superficie, que se pudieran corresponder con yacimientos de esta funcionalidad, según hemos podido comprobar en El Castillejo, en los riscos de Famara (Lanzarote), en donde existe una estructura que por sus características externas bien pudiera tratarse de un túmulo de dimensiones considerables. Algunos pocos restos óseos del entorno resultan también de interés, pero sólo una excavación futura podrá resolver lo que por ahora ha de considerarse únicamente como algo probable. La estructura localizada mide 10,30m de diámetro. Y en la parte central, a modo de cista, se encuentra otra con piedras dispuestas en hilera, que delimitan una figura trapezoidal de 2,20m de largo, 1m en el lado Este y 0,40m en el Oeste. La cista posee el eje mayor orientado Este-Oeste.

En Fuerteventura se conocen también algunas estructuras de posible carácter tumular en las cercanías de la Montaña de Tindaya, así como cistas en algunos otros lugares de la isla, lo que pone de manifiesto la necesidad de un estudio en profundidad de todos estos aspectos en estas dos islas, con la seguridad de que la investigación arqueológica pueda aportar en el futuro resultados fructíferos.

Estructura tumular de Los Tablones (Fuerteventura).

Sobre la tipología de los enterramientos tumulares de Gran Canaria, seguimos la clasificación propuesta por M.C. del Arco, M.C. Jiménez y J.F. Navarro, quienes los agrupan en un primer tipo que denominan túmulo simple, formado por una superestructura troncocónica o troncopiramidal y una sepultura, generalmente individual en cista o fosa, si bien existen ejemplos con depósito de varios cadáveres. Un segundo tipo lo definen como túmulo circular u oval con gradas y torreón central troncocónico. Conocido también como túmulo escaleriforme, el número de gradas varía de una a cuatro, presentando a veces un desarrollo irregular debido a las necesidades de adaptación al desnivel del terreno. La sepultura es individual en cista, protegida por lajas, y se ubica bajo el torreón central. Y los túmulos de tendencia circular, formados por el desarrollo de varias gradas, divididas a veces por muros radiales, culminan en una zona central más elevada, a modo de torreoncillo.

Uno de los conjuntos tumulares más representativos de Gran Canaria se halla en la costa de Gáldar, la conocida necrópolis de El Agujero, en la que destaca, sobre todo, una gran estructura que en su origen se hallaba concebida a partir de una estructura de tendencia circular en el centro que se va expandiendo hacia el exterior a base de una serie de anillos concéntricos y muros radiales distribuidos desde el enterramiento principal, de manera que el conjunto del túmulo está formado por 42 sepulturas y se corresponde al tipo funerario más complejo documentado hasta el presente, de los que hay uno de grandes dimensiones, el gran túmulo de La Guancha, que llega a alcanzar los 20m en su diámetro mayor. Se trata siempre de una construcción de carácter colectivo, por practicarse en ella varios enterramientos en cista o fosa, que ocupan tanto la zona central como los distintos anillos y áreas periféricas que se explica por tratarse de un sepulcro o panteón familiar, de características similares a otro gran túmulo, hoy desaparecido.

Estructura tumular situada en la necrópolis de La Guancha (Gran Canaria).

Con relación a las necrópolis tumulares resulta de interés destacar su ubicación en las coladas volcánicas, o malpaíses, como en la de Agaete, la de Arteara, en San Bartolomé de Tirajana, necrópolis del Gallego (Montaña del Gallego, en Jinámar), o en la desaparecida de La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria), de la que algo se conoce por las informaciones de viajeros y arqueólogos del siglo XIX, como Olivia Stone o René Verneau. Es asimismo una característica de estas necrópolis el número elevado de enterramientos existente en ellas, como en Arteara, en la que se cuentan más de un millar y que ocupa un espacio de 2km de largo por 1km de ancho; la de La Isleta, de la que sabemos había cientos de túmulos, o la del Maipés de Agaete, que cubre una superficie de 1km2, en la que existen unas 500 tumbas, complementada con otra ya desaparecida en la zona de Las Nieves. El texto que sigue de Abreu Galindo define muy bien las características de estas tumbas, tal como lo recogió a fines del siglo XVI:

[…] y, si no había cuevas, procuraban hacer sus sepulturas en lugares pedregosos que llaman malpaíses, y apartaban las piedras movedizas y hacían llano el suelo, tan cumplido como el difunto, y lo tendían allí, siempre la cabeza al Norte; y le llegaban unas grandes piedras a los lados, de suerte que no llegasen al cuerpo, y quedaba como en bóveda. Y sobre esto hacían una como tumba redonda, de dos varas de piedra, tan bien obrada y prima, que admira su edificio. Y por de dentro, desde encima de la bóveda para arriba hasta emparejar con las paredes, lo henchían de piedra puesta con tanto nivel, que da a entender el ingenio de los canarios. (…) Y a los villanos y gente común y plebeya enterraban en sepulturas y hoyos fuera de las cuevas y ataúdes, en sepulturas cubiertas con piedras del malpaís.

En algunas necrópolis, como la de Arteara, los túmulos se caracterizan por no responder a una morfología bien definida, aunque se repiten los de tipo cilíndrico o troncocónico; en la de Agaete existen muchas estructuras de planta circular o elíptica y algunas también de tendencia cuadrangular, coronadas por un torreón circular en las que se alternan piedras de diferentes colores, como se ha comprobado en otros yacimientos, en los que existen túmulos, sencillos unos, y otros más complejos, que también contienen estructuras macizas coronadas con tres piedras de colores, hecho para el que no tenemos ninguna explicación, y a las que también se refiere Antonio Cedeño. Hemos de suponer que tuvieran un carácter distintivo, ya que esta práctica era frecuente en los diferentes tipos de enterramientos:

A la jente más pobre i común enterraban en sólo la tierra; a éstos como a los otros, ensima de el tablón ponían una gran piedra que correspondía en el cuerpo i después ponían otras tres piedras en forma de crus, i después a elrededor de la çepultura ponían piedras grandes.

En estos túmulos sólo se depositó un cadáver, aunque existe algún caso en los que se han encontrado más de uno, colocados encima de una capa vegetal o simplemente sobre la roca. Llama la atención que las tumbas no posean una orientación determinada, como tampoco ajuar funerario asociado a los muertos. Y es común asimismo que las necrópolis estén rodeadas de una muralla cuya función sería la de separar el espacio sagrado, que se corresponde con el de la propia necrópolis, del ámbito profano que se encuentra fuera de ella.

No sabemos cuáles fueron las razones por las que los canarios eligieron los malpaíses como los sitios más apropiados para depositar en ellos a sus muertos. Es posible que poseyera algún valor simbólico, ya que en otras islas, en estos mismos espacios se encuentran objetos enterrados entre las piedras, los denominados escondrijos, que hemos asociado con la creencia en posibles seres amorfos que habitan en el interior de la tierra, donde se hallaban sus guaridas, y desde donde salían al exterior para causar daño a personas y animales; unas veces a través de las grietas de las rocas, sobre todo por las fisuras de los malpaíses, los orificios de las cuevas, o por cualquier otra parte del terreno por donde se comunicara con el mundo subterráneo. Por eso se encuentran ofrendas en las coladas basálticas, seguramente por ser estos lugares en los que las piedras poseen un aspecto extraño, aunque también es frecuente localizarlos en muchas grutas pequeñas, e innumerables agujeros, muy característicos en estas formaciones geológicas, por donde se puede establecer una comunicación fácil con el inframundo, en donde como sucedía con los guanches conocían hauer demonios que hauitaban en la profundidad de la tierra i salían por las vocas de los volcanes y que allí padecían crueles tormentos.

A través de unos pocos indicios transmitidos por las fuentes literarias, así como también por algunos datos que se pueden inferir de la Arqueología, podemos suponer que se establecía una comunicación con los muertos a quienes la comunidad les consultaba todo lo que les podría ser beneficioso, mediante la práctica del arte adivinatorio, como la conocemos entre algunos pueblos prerromanos de África, entre ellos los nasamones, pero no sabemos si algo similar se conoció también entre los canarios, aunque no habría que descartarlo. Se trata de la práctica de la incubatio, consistente en que los familiares del muerto duermen una noche en la tumba de sus antepasados con la finalidad de comunicarse con ellos, según fue descrita por Heródoto, consistente en que el solicitante acudía a los sepulcros de sus antepasados, sobre los que se [acostaba] después de haber implorado su asistencia; y la visión que tengan en sueños determina su conducta. Una buena manera de entender el problema radica en conocer la función de las estructuras funerarias, en forma de cistas, que aparecen con frecuencia en el anillo exterior del túmulo, ya que la ausencia de material arqueológico, en los casos en los que no han sido removidos, puede ser un buen indicador de que habrían cumplido una función parecida a la descrita entre los libios norteafricanos.

* TEJERA GASPAR, A. (2008) Tercera parte: Arquitectura; Arte, Religión y Mitología en la Era Prehispánica (186-191); en TEJERA GASPAR, A., JIMÉNEZ GONZÁLEZ, J. J. y ALLEN HERNÁNDEZ, J. 2008: Las manifestaciones artísticas prehispánicas y su huella. Santa Cruz de Tenerife-Las Palmas de Gran Canaria, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.



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